y yo que me figuraba el paraíso bajo la especie de una biblioteca…
El libro se merece miles de vítores, miles de personas que lo lean, niños que jueguen e imaginen aquello que alguna vez hallaron en una biblioteca.
El Cervantes vuelve a Argentina de la mano de la pluma de Gelman, que en busca de belleza no deja de escarbar en el horror de la memoria.
“Escribo en el olvido / en cada fuego de la noche…”
Quede aquí el Soneto XXVI de Shakespeare como tributo o pleitesía…
Lord of my love, to whom in vassalage
Thy merit hath my duty strongly knit,
To thee I send this written embassage,
To witness duty, not to show my wit:
Duty so great, which wit so poor as mine
May make seem bare, in wanting words to show it,
But that I hope some good conceit of thine
In thy soul’s thought, all naked, will bestow it:
Till whatsoever star that guides my moving,
Points on me graciously with fair aspect,
And puts apparel on my tottered loving,
To show me worthy of thy sweet respect:
Then may I dare to boast how I do love thee;
Till then, not show my head where thou mayst prove me.
resurección
Recuperar los beneficios de ser yo siempre es maravilloso… Generalmente mi resurrección tiene que ver con mi cumpleaños, con la llegada de la primavera en algún lugar del mundo y el encuentro casual con un buen libro.
“Anillo Afortunado: a quien escribe cuentos le ocurren cosas, a quien le ocurren cosas escribe cuentos.”
Andrés Neumán
Nuevo dodecálogo de un Cuentista -VI-.
Sobre libreros: “Los libreros somos gente rara, poco dados a escribir, a escribirnos, ya que hemos optado por la lectura. Un librero es alguien que, entre escribir y leer, siempre prefiere leer.”
Lola Larumbe
!Qué dilema tan grande, mis dos oficios contrapuestos! Así es como deben pasar los días…
Gödel: paradoja y Vida
Eisoptrofobia
no sólo ante el cristal impenetrable
donde acaba y empieza, inhabitable,
un imposible espacio de reflejossino ante el agua especular que imita
el otro azul en su profundo cielo
que a veces raya el ilusorio vuelo
del ave inversa o que un temblor agitaY ante la superficie silenciosa
del ébano sutil cuya tersura
repite como un sueño la blancura
de un vago mármol o una vaga rosa,Hoy, al cabo de tantos y perplejos
años de errar bajo la varia luna,
me pregunto qué azar de la fortuna
hizo que yo temiera los espejos.Espejos de metal, enmascarado
espejo de caoba que en la bruma
de su rojo crepúsculo disfuma
ese rostro que mira y es mirado,
Infinitos los veo, elementales
ejecutores de un antiguo pacto,
multiplicar el mundo como el acto
generativo, insomnes y fatales.
Prolonga este vano mundo incierto
en su vertiginosa telaraña;
a veces en la tarde los empaña
el Hálito de un hombre que no ha muerto.
Nos acecha el cristal. Si entre las cuatro
paredes de la alcoba hay un espejo,
ya no estoy solo. Hay otro. Hay el reflejo
que arma en el alba un sigiloso teatro.
Todo acontece y nada se recuerda
en esos gabinetes cristalinos
donde, como fantásticos rabinos,
leemos los libros de derecha a izquierda.
Claudio, rey de una tarde, rey soñado,
no sintió que era un sueño hasta aquel día
en que un actor mimó su felonía
con arte silencioso, en un tablado.
Que haya sueños es raro, que haya espejos,
que el usual y gastado repertorio
de cada día incluya el ilusorio
orbe profundo que urden los reflejos.
Dios (he dado en pensar) pone un empeño
en toda esa inasible arquitectura
que edifica la luz con la tersura
del cristal y la sombra con el sueño.
Dios ha creado las noches que se arman
de sueños y las formas del espejo
para que el hombre sienta que es reflejo
y vanidad. Por eso no alarman.
//
concierto
¿si los aztecas hubiesen conquistado europa?
Eduardo Villacis & The Smoking Mirror
“The Art of the Smoking Mirror” is a provocative and witty exhibit of masterful drawings, lavish paintings, re-appropriated artifacts, and humorous diatribes recounting the Aztecs’ conquest of Europe. Villacís’ work presents a powerful and harmonious clash of styles where Renaissance classicism meets Aztec art. Through humor, Villacís addresses social and cultural ills in Latin America and issues of racial and religious intolerance. His keen sense of irony brings to mind the tales of the great South American writer, Jorge Luis Borges.”
Cesar Ricaurte and Christian Hill
Hay cosas que merecen ser vistas, admiradas, comentadas y compartidas.
Una vez visto lo visto, lo elogio y se los entrego: pasen ustedes a la casa virtual del
un Artista en la extensión de la palabra.
¿quién yo?
EL GRUPO DE TEATRO DE EX ALUMNOS DEL COLEGIO SAN GABRIEL,
VISTOS:
Que se cumplen 25 años de la existencia del Grupo de Teatro del Colegio San Gabriel, por el cual han pasado un sinnúmero de personas y personajes, de vidas y de obras, de singular importancia para quienes han vivido de cerca esta experiencia.
Que es menester rendir homenaje y brindar apoyo a Jorge Uribe, (ex Vicerrector y ex Director del Grupo de Teatro), quien dirigió por más de 15 años el Grupo, con gran entrega y afecto profundo por el arte y lo humano.
Que un grupo de ex miembros del Grupo de Teatro del Colegio San Gabriel, han decidido reencontrarse (en sacrificio de su poco tiempo libre) para realizar el montaje de la obra de teatro, ¿Quién yo? del escritor argentino, Dalmiro Sáenz. Obra que en medio de un humor negro pone en tela de duda la verdadera finalidad de la institucionalidad de la justicia y cuestiona sobre los verdaderos límites de la libertad.
EN USO DE LO QUE RESTA DE SUS FAULTADES(mentales) RESUELVE:
Invitar a usted/es, (entiéndase a quien llegue la invitación, más familiares y amigos), a ser TESTIGOS del absurdo Juzgamiento del señor Felipe Azul de Metileno, que se realizará durante la presentación de la mencionada obra de teatro.
Para el efecto se requiere su presencia en Quito, en el TEATRO DEL COLEGIO SAN GABRIEL, los días sábado 9 y domingo 10 de febrero de 2008, a las 20 horas, se ha fijado el valor de $3 (tres dólares) por cada entrada.
Notificada la presente, esperamos su amable asistencia. Autorizamos la reproducción indiscriminada por medios digitales y escritos de la presente notificación.
¿Es justicia?
GRUPO DE TEATRO DE EXALUMNOS DEL CSG, Juan Carlos González, Javier Arcentales, Javier Dávalos, Fernando Moncayo, Raúl González, Erick Zúñiga, Juan Ullauri, Karla León.
DIRECCCIÓN: Juan Carlos González
ESCENOGRAFÍA: Cristian Hurtado.
sobre períodos:
delirios
TINTA
Chorreaba tinta. Una delgada línea se deslizaba por entre las comisuras de sus labios. Esta, como tantas otras veces a sus pies se formaba un charco de color violeta inconfundible. Él la recordaba por las marcas que dejaba sobre sus sábanas y por su olor. De vez en cuando el viento le hablaba de ella pero esta noche no había nada. Miraba hacia el horizonte pensando en que las montañas se dibujaban como en el esfumato renacentista, pero faltaba ella y su grave figura desvaneciéndose entre las sombras. Sus labios alguna vez le habían hablado de Ítaca, de magas, de ferrocarriles. Su boca dibujaba en el aire caminos hacia ningún lugar; le ofrecía a diario el infierno con todas sus llamas y cada uno de los elíxires que manaran de su cuerpo. Tantas noches había sido su morada, ella le contenía entre sus muslos mientras el resto de criaturas de la noche aguardaban una señal para levantar el vuelo hasta que llegue el día y esconderse.-¿Quién lo habrá encendido?, pídele por favor que apague el sol-. Las sombras dibujadas en el piso indican que ella está por partir. Su aroma impregna las cortinas y por la ventana se resbala la primera gota que como tinta indeleble ha resultado de la unión de ambos cuerpos. Admira ella un cuerpo ahora laxo, de respiración pausada que irradiaba la luz del ocaso; encendida, abrasadora ahora, desfalleciente luego -Oh Ángel Caído, dentro de tu cuerpo se halla la esencia de la magia. Por tus poros y tu boca han penetrado las tintas con que se escriben cada una de las letras del Caos. Nunca más pequeño mío. Nunca más-. En la mesa de la esquina el humo se eleva hasta llegar a una ventolera por la que se desvanece. Las risas de las mujeres le aturden, tantos cuerpos contorsionándose en ese mínimo espacio le asfixian. Se levanta, deja el vaso con los restos de lo que fueran dos hielos y piensa en que hoy más que nunca tiene que escapar. ¿Quién carajos le mandó a ser ilusionista? Si fuese una simple puta o una sombra estaría mejor.Cierra los puños apretándolos fuertemente y se va. Un rastro como de mercurio se escurre por el piso. Caballero, ¿me podría dar fuego? -abre los ojos con el sobresalto de quien sale de un trance-. Había pasado tiempo recordándola, repasando sus formas en el espacio vacío, había logrado hacer al menos un palíndromo con su nombre y al fin estaba ahí, sonriéndole atrayendo todo su cuerpo hacia ella, sus ojos castaños parecían tener la misma iridiscencia que tiene la flama. Parada frente a él simulaba un espejismo, sus labios simplemente le invitaban a beber su tinta y respirar el delicado aroma que dejaba para asegurar que no era un fantasma.Una vez más él estaba dentro de ella. Chorreaba tinta, un delicado hilo de ella escapaba detrás de sus cabellos bañándole el brazo. En realidad era hermosa. Había esperado por ella varios años. La besó en la frente, giró sobre su costado y se durmió.A la mañana siguiente sólo encontró las sábanas mojadas y un papel en blanco.
¿A qué deshoras se le había ocurrido ser escritor?
Andrea Torres Armas
cuentos de humo
Pie tras pie, bocanada a bocanada la ciudad se consume. El vaho asciende desde las alcantarillas, siento frío y miedo y quiero encender un cigarrillo o gritar…
Me comería las uñas si las tuviera, encendería una hoguera con todos los diarios y luego, lentamente, poco a poco, como en una ducha de agua fría, me introduciría en ella: primero la punta de los pies y las canillas, giraría lentamente hasta que las llamas rocen ligeramente las caderas, luego los hombros y las manos acariciando las chispas que las bañan, luego la coronilla y cerrando los ojos al fin, empezaría a girar hasta sentirme envuelta totalmente. Levantaré las manos al cielo y cercada en llamas, ahuyentaré a los mendigos y a las sombras.
Daría una gran carcajada y me echaría a correr hasta que finalmente, exhausta y totalmente desnuda, me detenga en una esquina a llorar desconsolada porque me han dicho que no existe.
Caminaría de nuevo lentamente, paso a paso, pie tras pie, manos en los bolsillos en dirección a casa. Desbarataría cajas de papeles que afirman una fantasía. Me revolcaría en el piso gimiendo de rabia y de rencor intentando rellenar con páginas de árboles caídos agujeros en el piso que conducen a la veintiuno dimensión.
Me echaría a llorar, seguro, si tuviera ojos, si los tuviera… o me comería las uñas o me convertiría en sal para escocerme en las heridas. Gritaría fuerte, muy fuerte, con un grito desgarrador; entornaría los ojos hasta no ver nada, no hay nada que merezca la pena verse o caminar.
Supondré que el olvido es un anhelo, y que como siempre, digo mucho y en verdad no hay nada. Me vestiré de luto y haré algún ritual de antropofagia para comerme a mí misma, lentamente en cada página.
Mientras desaparece con ese relato mi costilla y con ese otro mi útero o el vientre un amigo entonará alguna melodía que resuma que mi bruja en el espejo está cansada, que mi espejo está hecho polvo, que el licor que bebía cada mañana es arsénico que envenena las mieles y que mi pluma, -si alguna vez estuvo- ahora ya no existe, y que esta ciudad, de lunes siempre gris, lluviosa y triste, fue solamente un hechizo.
Andrea Torres Armas





