Quito
“Lo único que sé es que si uno ama una ciudad y pasea por ella lo suficiente, años después el cuerpo, y no sólo el espíritu, reconoce de tal manera sus calles que un momento de amargura sazonado por la nieve que cae melancólicamente vuestras piernas son capaces de llevaros por si solas a la cumbre de una colina querida.”
Orhan Pamuk -Me llamo Rojo-
Me encanta que Quito no tenga metro, me parece justo. Quito no es una ciudad, es un lapso, es abismo y déjà-vu. No importa que los poetas digan que todas las ciudades son iguales, Quito es irrepetible, cuando empiezas a reconocerla ya ha cambiado. Posiblemente Quito y la luna son lo mismo, o quizás Quito sea una bestia, un cuervo que observa a sus presas desde lo alto.
Ayer con un poco de ron nos apropiamos de Quito incluso de esas calles con olor a cloaca, yo pensaba en esos lunes grises cuando generalmente llueve y la ciudad colapsa y yo sonrío porque es sólo para mí. Pensaba en que aquí conviven la virgen con alas, los perros callejeros, los graffitis que dicen que Quito city quiere cantar, edificios con facha de licuadora y la Compañía. Creo que Quito es como una mujer fantasma, un barco pirata del que no puedes hablar sin que te de nostalgia. Posiblemente quito es innombrable, en su epitafio diría : Siempre volverás a mí.
A veces me da por creer que de tanto vivir en ella, ella a veces vive por mí.
Estas fotos no son mías, lamentablemente desconozco de quines son, en todo caso se los agradezco.
despues de todo no es tan malo…
y bueno, en realidad, después de todo mi trabajo no es del todo malo. Aparece de vez en cuando algún personaje que me alegra el día y deja recuerdos como este:
gravedad
Moraleja: Las ecuaciones y los problemas se resuelven solos. Todo cae por su propio peso.
Existen pocos pero importantes requisitos para ser Yo: No correr, no usar reloj, creer en imposibles, caver en bolsillos de pianistas y tener ojos grandes. Todo el resto viene por añadidura.
Hace mucho estoy en plena crisis de creatividad, pienso pienso, pienso y nada, ni una sola letra, solo llanto. Está decidido me dije ayer, -lo digo siempre que no puedo escribir- voy a dejar de ser escrbidora para dedicarme a ser peatón, si voy a dejar atropellarme al menos haré una nota suicida (nunca pienso que no voy a tener tiempo, yo siempre tengo tiempo, por eso no uso reloj…) Me subí al tejado ya muy entrada la noche para despedirme de la vista de la luna, las montañas negras, los cables y postes que arruinan todo, y en pleno suspiro… ¡plaf! di mal el paso y fui a dar escaleras abajo. Aún no tengo una idea decente, el recurso del cuento del peatón ya fue utilizado, pero se que ya no me va a importar no poder escribir, ahora tengo todas las madrugadas para garabatear. Sólo se que si me pongo morelia de nuevo, agoviada por mis problemas de escritura, volveré a caer. Las cosas en general, y sobretodo cuerpos como el mío, siempre caen por su propio peso o por descuido. Al carajo los problemas
